Cultura Gol Popular, Messi

El último Tango del Goat

Hoy será el fin de una ERA. Nuestro capitán Lionel Messi se pone la camiseta Argentina por última vez. 

El escenario: el Monumental. El rival, Benín. La hora, las 20. 

Pero, en realidad, nada de eso será lo más importante.

Porque esta noche no juega solamente Argentina. Esta noche se juega una historia.

Una historia que empezó hace más de dos décadas, cuando un pibe rosarino de 18 años llegó a la Selección Mayor con una zurda imposible, una gambeta que parecía desafiar las leyes de la física y un mundo entero preguntándose quién era ese chico que jugaba como si llevara toda la vida ahí.

Hoy, aquel pibe tiene 39 años. Y el fútbol argentino se prepara para decirle adiós.

La camiseta alguna vez pesó demasiado

Es imposible hablar de Messi y la Selección sin recordar que su historia no fue siempre una película feliz.

Durante muchos años, ponerse la camiseta argentina significó cargar una mochila enorme. No alcanzaba con jugar bien. Con hacer goles. Ni con ser el mejor del mundo en Barcelona.

Había que ganar. Y, sobre todo, había que ganar como había ganado Diego.

Messi llegó después de Maradona y, sin buscarlo, quedó atrapado en una comparación que parecía imposible de escapar. 

Cada partido importante se transformaba en un examen. Cada derrota, en una condena. Y cada final perdida, en una nueva discusión.

Llegaron las finales de la Copa América 2007, 2015 y 2016. Llegó el Mundial de Brasil 2014. Llegaron noches de tristeza, lágrimas, críticas y preguntas.

¿Podía Messi hacer con Argentina lo mismo que hacía con Barcelona?

¿Podía convertirse en ese jugador que todos esperaban?

¿Podría levantar finalmente una copa?

Durante años, la respuesta parecía ser no. Hasta que un día cambió todo.

Un día Argentina volvió a creer

La Copa América 2021 fue mucho más que un título. Fue un desahogo.

Messi abrazado con sus compañeros en el Maracaná. Fue el 10 llorando después de conseguir su primer gran trofeo con la Selección Mayor. 

Una generación que dejó atrás años de frustraciones y encontró, finalmente, una forma de ganar.

Después llegó la Finalissima. Y después, Qatar.

Pero antes de Qatar ya había ocurrido algo todavía más importante: Argentina había vuelto a disfrutar de Messi.

El jugador que durante tanto tiempo había sido señalado comenzó a ser abrazado.

La gente dejó de preguntarle qué le faltaba y empezó a agradecerle lo que hacía.

Y entonces llegó aquel diciembre inolvidable de 2022.

Qatar: el sueño que parecía imposible

Hay imágenes que no necesitan explicación.

Messi levantando la Copa del Mundo, besando el trofeo.

Rodeado de sus compañeros.

El Goat campeón del mundo.

Durante años, esa imagen había parecido imposible. Un sueño postergado.

Pero llegó.

Y cuando llegó, tuvo más valor porque antes hubo derrotas. 

Qatar cerró una herida que llevaba abierta demasiado tiempo.

Y modificó para siempre la historia del 10. Ya no había nada que demostrar.

  • Messi había ganado el Mundial.
  • Había ganado la Copa América.
  • Había ganado la Finalissima.

Había levantado todos los trofeos que durante años le habían reclamado.

Pero siguió jugando… porque todavía ama la pelota.

Y todavía hubo más

Después del Mundial llegó la Copa América 2024. Otra vuelta olímpica.

Messi levantando otro trofeo con la albiceleste.

Otra vez la Selección demostrando que aquella generación dorada todavía tenía capítulos para escribir.

Y cuando parecía que la historia ya estaba completa, llegó el Mundial 2026.

Su sexto Mundial.

Una cifra que resume una parte de su carrera, pero que no alcanza para explicar todo lo que significó verlo durante tantos años representar a la Argentina en la máxima competencia.

Messi volvió a ponerse la camiseta celeste y blanca.

Volvió a ser el capitán en una cancha mundialista.

Y Argentina volvió a llegar hasta el último partido.

Esta vez, la historia no terminó con otra copa. España se quedó con el título en la final (¿Se lo robaron?, lo dejamos a tu criterio…).

Pero tampoco pudo borrar todo lo anterior.

Porque Messi ya había conseguido aquello que durante tanto tiempo pareció escapársele.

La historia estaba completa.

Y después de aquella final, llegó una decisión que dolía incluso antes de hacerse realidad.

Messi anunció que se retiraba de la Selección.

“Me vacié”

Hay palabras que marcan.

En su despedida, Messi escribió que la decisión le dolía en el alma. Dijo que siempre dejó todo por esa camiseta. 

Que amó, ama y amará estar en la Selección.

Y escribió una frase que explica mucho más que cualquier estadística:

“Me vacié”.

No hablaba solamente del cansancio físico.

Hablaba de todo lo vivido.

Messi entendió que había llegado el momento.

Y entonces apareció una última oportunidad.

Una última noche.

Un último partido.

En casa.

El último tango tenía que ser en Argentina

Podría haberse despedido en cualquier lugar.

Pero no. La última vez tenía que ser acá.

En Argentina. Con su gente. Con su camiseta. Su 10 en la espalda.

La AFA preparó una jornada especial para homenajearlo. Se espera un estadio colmado, con más de 85.000 personas y la presencia de compañeros que compartieron con él algunos de los momentos más importantes de esta historia, incluidos campeones del mundo de Qatar 2022.

También música, homenajes, drones, fuegos artificiales y una camiseta especialmente diseñada para la ocasión.

Pero hay algo que ningún espectáculo puede fabricar.

EL MOMENTO EN QUE MESSI SALGA A LA CANCHA.

Ese instante va a ser suficiente.

Nadie mirará el partido de la misma manera.

Van a mirar al 10.

Cómo acomoda las medias. Cómo toca la pelota.

Su mirada a sus compañeros.

Cómo se acomoda la cinta de capitán.

Cada detalle porque, por primera vez, todos vamos a saber que es la última vez.

La última vez

Qué difícil es decirlo.

La última vez que Messi va a escuchar el himno con la camiseta argentina.

Que va a mirar las tribunas vestido de celeste y blanco.

La última vez que una pelota le quede cerca del área y miles de personas se levanten al mismo tiempo.

Que el “Messi, Messi, Messi” salga desde las tribunas.

La última vez que el 10 argentino sea oficialmente parte de la Selección.

Después quedarán los recuerdos.

Los videos. Las fotos. Las estadísticas.

Esa sensación difícil de explicar que dejan los jugadores que nos acompañaron durante buena parte de nuestras vidas.

Porque Messi no pertenece solamente a una generación.

Messi atravesó nuestras vidas mientras nosotros también cambiábamos.

No se despide solamente un futbolista

Por eso esta noche no debería medirse solamente en goles.

Ni en asistencias. Ni en títulos. Menos en minutos jugados.

Porque hay futbolistas que terminan formando parte de la memoria emocional de un país.

Messi está ahí.

En el abrazo, el grito de gol, el festejo.

En un padre diciéndole a su hijo: “Yo lo vi jugar”.

Está en todas las pequeñas historias.

Y quizás ahí esté su verdadera dimensión.

Porque las estadísticas algún día serán números de otra época.

Pero las emociones no.

HOY, SIMPLEMENTE GRACIAS

Cuando termine el partido contra Benín, el marcador quedará registrado.

Pero será apenas un dato.

Lo importante será mirar al otro lado. Mirar a Messi.

Y entender que acabamos de ver el final de una de las historias más extraordinarias que haya dado el fútbol argentino.

No hace falta pedirle otro gol, otra copa.

No hace falta pedirle nada. Ya nos dio demasiado.

Llega el momento de devolverle algo.

Un aplauso y un abrazo desde cada rincón del país.

UN “GRACIAS”.

Con los ojos húmedos, intentando memorizar cada segundo.

Sabemos que el fútbol sigue. La Selección seguirá. Vendrán otros 10.

Habrá otros Mundiales, otras Copas, otros héroes.

PERO ESTE 10 SERÁ SIEMPRE NUESTRO.

Y cuando el árbitro marque el final y Messi mire por última vez las tribunas vestido de celeste y blanco, habrá algo que no se va a terminar.

LA HISTORIA.

GRACIAS, LEO.

Por las lágrimas. Por las alegrías.

Por habernos hecho creer.

Por habernos hecho sentir.

Y, sobre todo, por haber elegido tantas veces volver a ponerse esa camiseta.

El último tango será en casa.

Y Argentina entera va a bailar con vos.


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